El
lunes 3 de diciembre del año 2001 el gobierno nacional,
presidido por el Dr. Fernando de la Rúa y el ministro
Cavallo, tomó la decisión de bancarizar
forzosamente a toda la economía, creando lo que
se conoce popularmente como el corralito bancario. Con
esta medida se permitía a los ciudadanos a retirar
hasta mil pesos por mes en efectivo de sus cuentas y a
realizar el resto de las operaciones electrónicamente.
Así
se obligó a todos los ciudadanos, comercios e industrias
a realizar sus operaciones sin usar dinero en efectivo,
realizando sólo operaciones a través de
dinero electrónico. Esta modalidad estaba siendo
utilizada por las grandes empresas para sus relaciones
con proveedores y grandes clientes, pero nunca por el
ciudadano de a pié y los pequeños y medianos
comercios.
En
este contexto, la Coordinadora de Actividades Mercantiles
Empresarias (CAME) en representación y defensa
del comercio y la industria nacional, llevó adelante
una serie de medidas organizando, entre otras, una serie
de actos de protesta contra
el corralito bancario y la política económica
implementada desde el gobierno nacional que estaba transformando
al último trimestre del año 2001 en el período
de más baja actividad comercial del que se dispongan
datos.
Originalmente
previsto para el lunes 17 de diciembre, CAME tomó
la decisión de anticipar, tanto por la premura
que los hechos requerían como por la demanda de
las entidades y comercios adheridos, para el miércoles
12 una serie de actos de protesta a lo largo de todo el
país, y con su acto central en la ciudad de Buenos
Aires. Se previó la realización de una marcha
con bocinazos para el mediodía del miércoles
y un apagón con descuelgue de teléfonos
y cacerolazos para el mismo día a las 20:30 horas.
El éxito de la adhesión a la protesta está
mas que demostrado, además de los comerciantes
y sus empleados, participaron ciudadanos de todas las
edades y niveles socioeconómicos, en las principales
ciudades del país.
Sin
lugar a dudas, este acto y modalidad de protesta fue el
inicio de la herramienta más eficaz que encontró
la ciudadanía para expresar su descontento y "bronca"
contra el modelo económico, la situación
a la que el mismo los estaba llevando, y al corralito
financiero. El cacerolazo ha sido institucionalizado como
el instrumento popular que permite hacer conocer el sentir
del pueblo, y fue CAME la institución que interpretando
las necesidades de sus asociados y del público
en general, canalizó ese descontento de manera
pacífica y eficiente, sin banderías políticas
y en orden. Lamentablemente en algunas ocasiones, activistas
y vándalos, rechazados por la gente, desvirtuaron
estos actos de madurez ciudadana. 